Startups: ¿Transformadores del negocio tradicional o la gran amenaza?

4 marzo 2018

La tecnología en general ha modificado las reglas del juego de muchos mercados tradicionales permitiendo que emprender y poner en marcha un negocio sea más sencillo a simple vista. El mundo online se ha convertido en el mayor aliado de una pyme para darse a conocer, aumentar su facturación y obtener la máxima visibilidad, aunque también ha abierto las puertas a que nuevos jugadores entren en mercados tradicionales de manera muy rápida y sin grandes inversiones con el objetivo de crear una disrupción: mejorando procesos, abaratando servicios o reinventando totalmente conceptos.

 

¿Es buena tanta disrupción? ¿Generan o destruyen empleos estas ePymes? ¿Compiten con las mismas reglas que las empresas tradicionales a nivel fiscal laboral…? Estas son las preguntas que muchos se formulan ya que ante tanto cambio es normal ser algo escépticos. No obstante la innovación y la evolución siempre han generado fricciones y detractores, pero al final lo importante es la generación de valor porque es la que hace que si el nuevo modelo es mejor que el viejo, el primero se imponga al segundo.

 

Pero repasemos las preguntas y abramos la discusión. Como decía, desde mi punto de vista, la disrupción es buena cuando la consecuencia de esta sea un incremento del valor generado para los usuarios del producto o servicio. Por lo general cuando en el mercado hay competencia, hay innovación y hay cambio, los actores deben espabilarse y mejorar si no quieren quedarse fuera. Esto fuerza y finalmente consigue que el usuario del servicio reciba un mejor precio o producto, lo cual conlleva que el balance sea positivo.  No obstante a veces el valor incremental percibido viene de la mano de un coste oculto que tarde o temprano alguien paga.

 

Es interesante ver que servicios como Facebook o Whatsapp han revolucionado la forma de relacionarnos, compartir o comunicarnos sustituyendo al SMS y a los medios de comunicación y entretenimiento tradicionales, y todo de manera “gratuita”. Pero muchos cuestionan su “gratuidad”. El argumento común es que pagamos con la información personal que les damos y el permiso implícito para servirnos del contenido publicitario, informativo, lúdico… que ellos quieran o que el mejor postor decida. Y ahí está el coste. ¿La parte negativa? el boom de las “fake news” o las filtraciones y manipulación electoral junto a Cambridge Analytica que ahora mismo azotan la plataforma.

 

La parte de “fake news” podría tener fácil solución si partes de la base de informarte y contrastar con distintas fuentes y prismas para poder formar una opinión propia que no esté manipulada. Similar a lo que ya teníamos que hacer con periódicos o cadenas de TV, que también tienen una agenda y una línea editorial que marca sus opiniones y el enfoque de cada tema. Por otro lado, las filtraciones y manipulación de usuarios sí que es algo más complejo y muy importante de solucionar ya que el volumen de información, el tiempo y la exclusividad que le dedicamos a Facebook lo hace muy peligroso.

 

En cuanto a la cuestión de empleos y regulación,  las Startups muchas veces se perciben como una amenaza para los puestos de trabajo tradicionales y en el lado regulatorio, como defraudadoras del fisco gracias a la posibilidad de deslocalización de sus operaciones. En el primer punto es verdad que la tecnología muchas veces sustituye y mejora el rendimiento humano, pero por lo general este proceso es simplemente transitorio. Esos trabajos que son automatizables o transformables y mejorables por tecnología lo van a ser, por mucha resistencia que pongamos la clave está en esa transformación. Debemos transformar y desarrollar las cualidades de nuestros empleados para movernos de las tareas actuales a las que van a ser necesarias en el nuevo escenario. Este es un hecho del que siempre se ha hablado en teoría de desarrollo económico. Los países, a medida que suben en la escala del desarrollo económico, mueven su capital humano de tareas básicas o sectores primarios a tareas de mayor valor añadido o sectores terciarios, donde el criterio y componente humano aporta el plus que la tecnología o la automatización no pueden. Por lo tanto, en un entorno como el actual deberíamos pensar más en cuáles son esas cualidades o trabajos del futuro y empezar a formar y recolocar nuestro capital humano en esa dirección.

 

En este sentido, un estudio recientemente publicado por Adecco, da pistas de cuáles serán los puestos de trabajo más solicitados para este 2018. En ella figuran todos los empleos relacionados con marketing y ventas, así como todo los especializados en el mundo digital y sus tecnologías. Por ejemplo, en marketing, el más buscado es el chief digital officer. También encontramos perfiles que están en auge como los Data Analysts o Data Scientists, aunque sean de creación muy reciente.

 

En el caso de mi compañía, Ofertia.com, hemos visto como el departamento de Marketing ha mutado de perfiles más creativos a perfiles más analíticos. La creatividad era antes clave para conseguir la atención de los usuarios, pero ahora mismo la medición, prueba-error y la mejora constante basada en datos son la forma de ser relevante y conseguir mejores resultados.

 

En cuanto a la cuestión de regulación y normas, a menudo escuchamos que las Startups, no juegan con las mismas reglas del juego…. Uber por ejemplo ha sido criticada por no requerir licencias de Taxi y emplear a personal inexperto sin seguro y a un coste bajo mínimos, y otras como Facebook de usar entramados fiscales en múltiples países para eludir las cargas fiscales que los demás debemos pagar.

 

En mi opinión la disrupción debe venir acompañada de responsabilidad, si no, es hacer trampa. Pero eso no quiere decir que no esté de acuerdo con el concepto de Uber, lo que digo es que debemos trabajar para modificar la regulación y dar la oportunidad a todos los actores de beneficiarse y adaptarse en aras a encontrar un punto intermedio. La parte de fiscalidad sí me parece una falta de responsabilidad. Igual una mejora fiscal podría ayudar a reducir los incentivos que estas estructuras internacionales aportan, pero al final del día, es una cuestión de contribuir con impuestos en aquel país dónde generas el valor.

 

En resumen, no es fácil ver el role de las startups blanco sobre negro y es cierto que todos los argumentos son matizables, pero a nivel general yo considero que los beneficios que la innovación y la disrupción aportan, superan de lejos los inconvenientes. Vamos a seguir viendo a emprendedores creativos y atrevidos apostando por nuevas formas de hacer las cosas y generando incomodidad en sectores tradicionales, pero si estos son los problemas que debemos resolver, ¡bienvenidos sean los problemas!

 

Jaume Betrian, co-fundador y director ejecutivo de Ofertia